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Los sueños del bebé

  • Nov 22, 2017
  • 2 min read

Tal vez los bebés ya empiezan a soñar en el útero materno, mientras duermen. Probablemente "piensen" en sonidos, en luces, pues evidentemente su experiencia vital no es muy extensa. Como hemos visto, hay estudios que comprueban que se produce la fase REM en fetos de siete meses de gestación e incluso anteriores. Los sueños en estas etapas consistirían en recreaciones sensitivas, mientras que una vez nacen ya pueden recrear también emociones.

En ese periodo no se tiene vigilia (al menos en el sentido postnatal) y probablemente se trata de un sueño continuo, pero muy activo.

Otros estudios confirman que los bebés sueñan. El doctor Charles P. Pollak, director del Centro para la Medicina del Sueño del Weill Cornell Hospital de Nueva York, señala que los recién nacidos experimentan la fase REM. Los ojos se mueven juntos de lado a lado y, a veces, de arriba abajo. Otra cuestión es saber qué sueñan los más pequeños, pues es imposible averiguarlo: «Suponemos que los niños sueñan cosas infantiles, pero no sabemos realmente qué».


Los bebés pasan más horas en esta fase del sueño que los adultos. Lo que sí se sabe es que en esa etapa se produce una gran actividad cerebral, y que en ella participan zonas del cerebro distintas de las que intervienen en la vigilia.


Los recuerdos que se mantienen al despertar pueden ser simples (una imagen, un sonido, una idea, etc.) o muy elaborados. Los sueños más elaborados contienen escenas, personajes, escenarios y objetos, y éstos sólo serían posibles en los niños mayores y adultos.

Los bebés tendrían tanto sueños como recuerdos simples, no una sucesión de imágenes nítidas relacionadas entre sí, que sería posible hacia el segundo o tercer año de vida. Entonces las experiencias emocionales comienzan a cobrar mayor importancia.


Los sueños y el lenguaje


En torno a los 18 meses, el pequeño empieza a referir lo que ha “visto” al principio en forma confusa y mezclada con la realidad, también por las dificultades para contar lo que ha soñado, ya que no ha desarrollado plenamente el lenguaje.

Por tanto, solamente cuando ha adquirido mayor soltura lingüística existe evidencia de que sueña, lo que no significa que no lo haga meses antes, como hemos visto, y que sus sueños tengan relación con sus vivencias diurnas. Una vez se expresa mejor, puede empezar a contarnos cuáles son sus sueños.

Durante los dos años del niño son frecuentes las pesadillas, y será sólo a partir de los cinco años cuando el niño es espectador de su sueño antes que actor. Poco a poco, los sueños pueden hacerse más complejos introduciendo sensaciones, emociones y lenguaje.

En definitiva, aunque sabemos poco acerca de los sueños del bebé, o al menos sobre su contenido, cada vez es más evidente que los más pequeños sueñan. Y soñar es un modo más de descansar y aprender haciendo volar la imaginación, de modo que mejor que

sueñen mucho, y tranquilos.

 
 
 

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